En cuanto a la época en la que se adscribe esta obra, es considerada posrevolucionaria, pues en aquel entonces lideraba México Adolfo Ruiz Cortines, que fue, entre otras cosas, un militar revolucionario. Además entre los años 1957-1958 hubo una epidemia de gripe que azotaba el país. Cabe mencionar nuevamente el conflicto existente entre Guatemala y México en aquel momento, que también es un tema presente en la obra mediante ciertas referencias aparecidas en la misma.
Los aspectos destacables de esta obra son, en primer lugar, la historia. Al comienzo de la obra es imperceptible el hecho de que los personajes están ya fallecidos, y es al final de la misma cuando el lector se percata de que la familia se encuentra en una cripta familiar. Además, están en el limbo puesto que queda constancia de que no están, católicamente hablando, en el "infierno" ni tampoco en el "paraíso", por lo que están esperando todos a poder acabar en uno de los dos lugares definitivamente.
Los personajes destacables de la obra son Mamá Jesusita, Catita y Clemente puesto que parece que van guiando toda la trama a medida que van transcurriendo los hechos. Es decir, se puede apreciar como "cargan" con el peso de la historia. Por otra parte, dentro del contexto de los personajes es necesario recalcar que al girar la obra en torno a una familia, esta misma está compuesta tanto por personas adultas como por niños. El ejemplo más evidente es Catita, una niña de cinco años que se entiende que ha fallecido a una edad temprana; mientras que la más mayor de todos los personajes es Mamá Jesusita, de ochenta años. De este modo hay un juego no solo temporal en cuanto a las edades se refiere sino también escénico, ya que estamos ante un obra de teatro. Este asunto es de especial importancia y sobre todo sorprendente puesto que genera confusión ante el espectador y/o lector de la trama.
La escenografía también es un asunto llamativo ya que dispone de elementos simples. En este caso, el decorado está conformado por un cuarto pequeño, por tanto es un espacio delimitado; techos de piedra y muros sin ventana, lo que resulta agobiante para los personajes y también para el espectador. Además, el vestuario genera cierta controversia, porque mientras algunos personajes aparecen con un traje rosa del año 1930 como es el caso de Doña Gertudris; Vicente Mejía aparece vestido de militar; Catita con un traje antiguo de 1865 y unas botas negras; Clemente en traje negro y puños blancos o incluso Jesusita con una cofia de encajes. Esto deja aún más constancia de los saltos temporales y espaciales presentes a lo largo de toda la obra, y no solo porque se alterne el mundo de los vivos y los muertos sino por la caracterización de los personajes.
Finalmente, es necesario destacar algunos fragmentos de la obra ya que en ellos hay presentes diferentes asuntos:
En el siguiente, está presente lo anteriormente comentado acerca de la caracterización y vestimenta de los personajes:
Voz de Catalina. —¡Son muchos pies, Gertrudis! (Sale Catita, vestida con un traje blanco de los usados hacia 1865, botitas negras y un collar de corales al cuello. Lleva el pelo atado en la nuca con un lazo rojo.) ¡Qué bueno, qué bueno! ¡Tralala! ¡Tralala! (Catita da saltos y bate las palmas.)
Doña Gertrudis (apareciendo con un traje rosa de 1930). —Los niños no se equivocan. ¿Verdad, tía Catalina, que alguien viene?
Catalina. —¡Sí, yo lo sé! Lo supe desde la primera vez que vinieron. ¡Tenía tanto miedo aquí, solita!
Clemente (aparece en traje negro y puños blancos). —Creo que tienen razón. ¡Gertrudis! ¡Gertrudis! ¡Ayúdame a buscar mis metacarpios! Siempre los pierdo y sin ellos no puedo dar la mano.
Vicente Mejía (apareciendo en traje de oficial juarista). —Usted leyó mucho, don Clemente; de ahí le viene el mal hábito de olvidar las cosas. ¡Míreme a mí, completito en mi uniforme, siempre listo para cualquier advenimiento! (Garro, 1958)
En este fragmento se muestran varios aspectos. En primer lugar, la idea de ascender al "cielo" y obtener la "paz eterna" cuando Catalina anuncia que "ha visto una luz". En segundo lugar, se puede observar el tono irónico y humorístico que se comentaba en términos anteriores cuando Mamá Jesusita exclama que los extranjeros "siempre se apartan", de esta manera haciendo una crítica social.
Catalina. —¡Vi luz! (Entra un rayo de luz.) ¡Vi un sable! ¡Otra vez san Miguel que viene a visitarnos! ¡Miren su lanza!
Vicente. —¿Estamos completos? Pues ahora, ¡orden y nos amanecemos!
Clemente. —Faltan Muni y mi cuñada.
Mamá Jesusita. —Ustedes, los extranjeros, siempre apartándose. (Garro, 1958)
Cuando Lidia expresa lo siguiente, se puede observar el lenguaje poético empleado en ciertos momentos de la obra:
Lidia. —¡Un hogar sólido, Muni! Eso mismo quería yo… Y ya sabes, me llevaron a una casa extraña y en ella no hallé sino relojes y unos ojos sin párpados, que miraron durante años. Yo pulía los pisos, para no ver los miles de palabras muertas que las criadas barrían por las mañanas. Lustraban los espejos, para ahuyentar nuestras miradas hostiles. Esperaba que una mañana surgiera de su azogue la imagen amorosa. Abría libros, para abrir avenidas en aquel infierno circular. Bordaba servilletas, con iniciales enlazadas, para hallar el hilo mágico, irrompible, que hace de dos nombres uno… (Garro, 1958)
Y nuevamente, este personaje vuelve a repetir la idea de que verdaderamente, el hogar se encuentra en la muerte. En los apartados anteriores se especificaba que para todos los personajes presentes en esta obra, el hogar real, "sólido", estaba al otro lado de la vida, en la muerte. Es Lidia, quien lo reitera al final de la obra y con esto se cierra el telón:
Lidia. —¡Un hogar sólido! ¡Eso soy yo! ¡Las losas de mi tumba! (Desaparece.)
FIN (Garro,
Comentarios
Publicar un comentario